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Inglaterra apuesta por las “free schools”

“free schools” que el Gobierno inglés pretende que sirvan de modelo para la liberalización progresiva del sistema educativo británico, siguiendo a su manera la reforma del sistema educativo sueco.

La iniciativa se enmarca en el marco del proyecto político-cultural de Cameron: Big Society, es decir, menos Estado/más individuo.

Las “free schools” son independientes de la burocracia estatal, viven de lo que ingresan, forman parte del sistema público educativo, y se gestionan de acuerdo con idearios y currículos propios estipulados por los padres y los profesores que ponen en marcha la escuela. Cualquiera puede montar una, en una tienda o en su casa.

Lo explica Michael Gove, Ministro de Educación: “Las escuelas son de los padres y de los profesores, no del Estado. Las escuelas son espacios de libertad para aprender, no fábricas de adoctrinamiento. El Estado no debe interferir en la educación de los ciudadanos”.

La escuela británica opta por la libertad y la retroinnovación (según me gusta llamarla). En mi opinión, estamos ante el comienzo de una educación posdigital, es decir, ante el fin del sistema educativo estandarizado que comienza en el siglo XIX:

Qué podemos aprender del lenguaje tatatá

He estado siguiendo más o menos la discusión que se ha entablado en la red en torno a la “conversación” de los famosos gemelos de 17 meses:

Nadie piensa que estos bebés estén manteniendo una conversación en un lenguaje propio. Lo que hacen es imitar a los padres, incluso en la entonación, que es la forma en que se desarrolla el lenguaje a esas edades.

Esto no quita para que haya lingüistas que piensan que hay un “tema” de conversación: los calcetines. Los bebés de 17 meses conocen ya la diferencia entre 1 y 2, y por los movimientos con las piernas parecen referirse a la falta de un calcetín por parte de uno de ellos.

Lo que me interesa más del tema (como profesor de ELE, ya que no tengo ninguna formación específica en el desarrollo del lenguaje infantil) es el hecho de que los gemelos mantengan una relación entre ellos basada en gestos y en entonaciones. De alguna forma, me hace intuir que el aprendizaje tiene un componente mimético basado en interacciones entre pares a partir de referentes de autoridad que merecen confianza.

Es decir, el aprendizaje de una lengua consiste (entre otras cosas) en comunicarse de forma autónoma, real, voluntaria, retroalimentada, y sobre la base de un reconocimiento de lo otro. Y eso sí tiene que ver con nuestro trabajo como profesores de ELE.

Más ejemplos de tatata language en Facebook.

Cómo la evaluación destruye la educación. Un libro de Diane Ravitch (2010)

Diane Ravitch no es una persona irrelevante. Ha sido una de las responsables de implementar las políticas educativas en EEUU durante las presidencias de Bush y Clinton, en especial por lo que se refiere a la “accountability”, es decir, el uso sistemático de evaluaciones que midan la “calidad” educativa (“total quality management”).

Ravitch ha publicado un nuevo libro, en el que, en cierto modo, pide perdón por todo el daño que le ha hecho al sistema educativo norteamericano: The Death and Life of Great American School System: How Testing and Choice are Undermining Education (Basic Books, 2010). Sus conclusiones son claras:

  • la idea de evaluar el sistema educativo ha fracasado.
  • la evaluación del desempeño en el ámbito educativo se ha convertido en un fin en sí mismo.
  • evaluar la escuela es “mecanicista, contrario a la ética y contrario a la educación”.
  • la calidad de las escuelas ha caído debido a la existencia de los sistemas de evaluación, con su legión de pedagogos e inspectores.
  • la “evaluación objetiva” no existe, no es posible un “barómetro” educativo.

En definitiva: la evaluación se está cargando la educación de las nuevas generaciones. Aquí tenemos a una de las máximas responsables en diseñar el sistema educativo norteamericano entre 1997 y 2004, entonando el “mea culpa” a través de libros, conferencias, artículos y en el blog Bridging differences.

Si bien no cree en recetas mágicas, considera que, al menos, hay tres medidas necesarias:

  • la escuela no es un lugar que debe enseñar a pensar, es decir, no es un lugar para la represión del conocimiento, y no es un lugar para domesticar en lo políticamente correcto. La escuela debe ser un espacio de aprendizaje y de libertad, no de evaluación punitiva.
  • se debe acabar con los cuerpos de “expertos”, pedagogos e inspectores, es decir, con los policías de la evaluación que contribuyen a “undermining” (destruir los cimientos, socavar) la educación.
  • que el profesor dedique su tiempo a cultivar el conocimiento, en vez de estar pensando en cómo pasar el test de evaluación, del que dependen su sueldo, prestigio e incluso su propia vida.

Viniendo de alguien que ha participado en el montaje del mecanismo, no estaría mal tenerlos en cuenta.

  • Reseña en The Washintong Post.
  • Entrevista en Dallas News.
  • Neerlandés y galletas de jengibre

    La lengua neerlandesa tiene pocos hablantes, no es precisamente bonita (demasiado gutural, para mi gusto) y su utilidad es discutible (update: vamos, me parece a mí). Quizá por esto la comunidad neerlandófona (incluyo a Flandes) cuida tanto su idioma, que consideran como patrimonio intrínseco a su identidad.

    Con la afluencia de inmigrantes a los Países Bajos han surgido un montón de iniciativas para integrar a la nueva población. La más reciente se llama Kletskoppen (galletas de jengibre) y consiste en una especie de voluntariado de la lengua que pone en contacto a personas que quieren mejorar su holandés con personas nativas que quieren conversar con ellos para ayudarlos (no sólo con la gramática, sino también con aspectos prácticos de la vida en Amsterdam).

    Aprendizaje informal, ayuda voluntaria, café y galletas. ¿Alguien da más?:

    Amsterdamse Kletskekoppen from Gilde Amsterdam on Vimeo.