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Cómo se hundió la Universidad española (2). Entrevista a José Penalva

En marzo comenté un libro que me había llegado desde la Universidad de Murcia: Corrupción en la Universidad. El ocaso de la educación. El triunfo de la endogamia (Ciudadela, 2011), de José Penalva.

La universidad española -con las lógicas excepciones- funciona de un modo que no le permite avanzar en la excelencia, y que hace que no tenga el peso que debería en la escena internacional. La peripecia personal del profesor Penalva, inmediatamente sancionado y expedientado, explica en buena parte dicha anomalía.

Esta entrevista es de ayer. Como universitario, no me sorprende nada de lo que se cuenta, pero puede ser esclarecedora para los que no conozcan esos ambientes. En España, ser un buen profesor suele pagarse en forma de acoso, expedientes y sanciones, verdaderas medallas a la excelencia educativa en la situación actual, frente a los controles de un poder cada vez más ciego y estandarizador.

Cómo la evaluación destruye la educación. Un libro de Diane Ravitch (2010)

Diane Ravitch no es una persona irrelevante. Ha sido una de las responsables de implementar las políticas educativas en EEUU durante las presidencias de Bush y Clinton, en especial por lo que se refiere a la “accountability”, es decir, el uso sistemático de evaluaciones que midan la “calidad” educativa (“total quality management”).

Ravitch ha publicado un nuevo libro, en el que, en cierto modo, pide perdón por todo el daño que le ha hecho al sistema educativo norteamericano: The Death and Life of Great American School System: How Testing and Choice are Undermining Education (Basic Books, 2010). Sus conclusiones son claras:

  • la idea de evaluar el sistema educativo ha fracasado.
  • la evaluación del desempeño en el ámbito educativo se ha convertido en un fin en sí mismo.
  • evaluar la escuela es “mecanicista, contrario a la ética y contrario a la educación”.
  • la calidad de las escuelas ha caído debido a la existencia de los sistemas de evaluación, con su legión de pedagogos e inspectores.
  • la “evaluación objetiva” no existe, no es posible un “barómetro” educativo.

En definitiva: la evaluación se está cargando la educación de las nuevas generaciones. Aquí tenemos a una de las máximas responsables en diseñar el sistema educativo norteamericano entre 1997 y 2004, entonando el “mea culpa” a través de libros, conferencias, artículos y en el blog Bridging differences.

Si bien no cree en recetas mágicas, considera que, al menos, hay tres medidas necesarias:

  • la escuela no es un lugar que debe enseñar a pensar, es decir, no es un lugar para la represión del conocimiento, y no es un lugar para domesticar en lo políticamente correcto. La escuela debe ser un espacio de aprendizaje y de libertad, no de evaluación punitiva.
  • se debe acabar con los cuerpos de “expertos”, pedagogos e inspectores, es decir, con los policías de la evaluación que contribuyen a “undermining” (destruir los cimientos, socavar) la educación.
  • que el profesor dedique su tiempo a cultivar el conocimiento, en vez de estar pensando en cómo pasar el test de evaluación, del que dependen su sueldo, prestigio e incluso su propia vida.

Viniendo de alguien que ha participado en el montaje del mecanismo, no estaría mal tenerlos en cuenta.

  • Reseña en The Washintong Post.
  • Entrevista en Dallas News.
  • Hibridaciones y serendipia en Málaga (4-6 julio 2011)

    Llega el verano y los cursos de verano. No sé cómo funcionan ahora, pero en mi época de estudiante los usaba para pasar las vacaciones gratis, ya que a los repelentes gafotas cuatro ojos que teníamos buenos expedientes académicos nos daban alojamiento y matrícula gratis. No me habría podido permitir pasar dos meses de vacaciones en El Escorial, Santander, Aguadulce, Baeza, Laredo etc. A veces en los cursos había alguna cosa interesante, pero vamos que eso.

    En fin, me dejo de batallitas, por desgracia ya demasiado lejanas, para recomendar un curso de verano que tengo la seguridad de que merece la pena por sí mismo: “Aprendizajes invisibles: hibridaciones entre el aprendizaje formal, informal y la serendipia” (Málaga, UNIA, 4-6 julio 2011). Pasar tres días con Cristóbal Cobo, John Moravec y Hugo Pardo Kuklinski por 90 euros es un lujo que merece la pena. Y, por lo que veo, los estudiantes pueden pedir beca (lo que parece que no ha cambiado es el papeleo kafkiano de la rancia administración de nuestro país).

    El lunes 4 de julio, Cristóbal Cobo se mete una sesión maratoniana de “aprendizaje invisible” muy completa. El martes, Moravec diserta como los buenos, en plan guru visionario, pero de los que saben lo que dice. Y el miércoles llega Pardo Kuklinski a rematar la faena. El tema de su intervención me parece muy interesante (la universidad y las marcas blancas), pero me suena a endogámico, más hecho pensando en los organizadores del curso que en el público asistente. Hubiera sido más acorde con el título del curso que se hablara de serendipia, un concepto que personalmente cada vez me parece más importante en términos educativos.

    El encuentro forma parte de la gira de presentación del libro Aprendizaje invisible. Hacia una nueva ecología de la educación (Col·lecció Transmedia XXI. Laboratori de Mitjans Interactius / Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2011), del que tengo poco más que decir después de leer la completa entrada que publicó ergonomic el otro día. Ahí pueden encontrar lo fundamental: la “sesuda crítica” de Kuklinski, la entrevista que adjunto más abajo, así como las “10 reflexiones sobre el aprendizaje invisible” recogidas en un acto en Barcelona.

    O mejor dicho, igual en otro momento escribo algo sobre eso, porque no estoy de acuerdo para nada con los puntos 3 y 6.

    Un estudio de… esto… sobre la dis… vamos… sobre la fluidez

    Richard Aslin (University of Rochester) ha publicado un estudio sobre la importancia de los sonidos y pausas valorativas en el aprendizaje de una lengua; es decir, los típicos: “eh”, “hum”, “esto”, “ah”, etc. Hay una entrevista muy esclarecedora en la revista New Scientist.

    Aunque el estudio se centra en los beneficios para el aprendizaje de los niños, me parece que viene a reforzar algo que los profesores de ELE ya sabíamos a la hora de valorar la fluidez comunicativa (hasta en el DELE queda reflejado adecuadamente). Las pausas y sonidos de transición son estrategias para la adquisición de nuevo vocabulario, y para la elección o reformulación de la forma mejor en cada circunstancia. El experimento de la llave inglesa y el plátano es simple pero convincente.

    Concluye Aslin:

    Parents shouldn’t worry about modest levels “ums” and “ers” in what they say to their children. Disfluencies have a benefit. They help your child to learn language.