Experimento mental. El peligro de la lectura.

Imaginemos un universo paralelo exactamente igual al nuestro salvo en una cosa, un cambio relacionado con la historia de la tecnología: ¿Qué pasaría si los videojuegos se hubieran inventado y popularizado antes que los ?

En este universo paralelo, los niños hace siglos que juegan a videojuegos, y en ese contexto es donde, de repente, han aparecido los libros. ¿Qué podrían pensar padres, profesores y las autoridades culturales, ante la avalancha de chavales que leen y dejan de lado sus consolas y ordenadores? Quizá podría sonar a algo como esto:

La lectura crónica de libros entorpece el desarrollo de los sentidos. Al contrario de lo que ocurre con nuestra larga tradición como jugadores de videojuegos – con los que nuestros hijos tienen la oportunidad de convivir con un mundo tridimensional, vivo, lleno de imágenes en movimiento y paisajes musicales, y que controlan con complejos movimientos musculares – los libros son simples y estériles lineas de palabras sobre una página. Sólo hace falta dedicar una mínima parte del cerebro para procesar el lenguaje escrito, mientras que los juegos implican gran parte del cortex motor y sensorial.

Los libros, además, aislan de una manera trágica. Mientras los juegos implican a nuestros jóvenes en complejas relaciones sociales con sus compañeros, contruyendo y explorando mundos, los libros obligan a los niños a «secuestrarse» en lugar apartado, lejos de la interacción con otros compañeros. Las nuevas «bibliotecas» que han surgido en los últimos años para fomentar actividades de lectura son tremendamente inquietantes: docenas de jóvenes, tan vivaces y socialmente activos antaño, hacinados en soledad en sus cubículos, haciendo caso omiso de los compañeros que tienen al lado.

¡Claro que muchos niños disfrutan leyendo libros! Y no cabe duda de las sensación de fantasía y abstracción del mundo que proporciona la lectura… Pero para un gran porcentaje de la población, los libros son básicamente discriminación. Sólo hay que pensar cómo esta moda de la lectura que nos acecha en estos años insulta de manera cruel a los 10 millones de americanos que sufren de dislexia -condición, la de disléxico, que ni siquiera existía hasta que el texto impreso vino a estigmatizar a los que la sufren.

Pero quizá el mayor peligro que podemos atribuir a los libros es el hecho de que siguen un patrón completamente lineal. Los lectores no pueden controlar la narrativa de ninguna manera. Simplemente te sientas y el libro te cuenta una historia. ¡A los que hemos crecido con narrativas interactivas (las de los videojuegos), esto nos parece escandaloso! ¿Cómo es posible que alguien quiera embarcarse en una aventura que ya ha sido perfectamente coreografiada por otra persona? Pues bien, parece que esta generación está cayendo en las pseudoaventuras de los libros todos los días. Lo que conlleva el riesgo de fomentar en nuestros jóvenes pasividad general y les hace sentir que no tienen facultades para cambiar su destino… Leer no es un proceso activo, participativo: es un proceso sumiso. Estamos entrenando a nuestros jóvenes para que se limiten a «seguir la trama» en vez de preparlos para tomar sus propias riendas…

Steven Johnson : Everything bad is good for you (pp. 19-20)
La traducción es mía.