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«Nature» reabre el debate sobre los universales lingüísticos

Independientemente de posiciones totalitarias (no viene mal recordar que Noam Chomsky es el autor de uno de los artículos más infames escritos en el siglo XX, una defensa del régimen genocida de Pol Pot en The Nation, 1977), el norteamericano Avram Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) es uno de los grandes lingüistas de todos los tiempos, padre de la psicología cognitiva y del generativismo.

Por eso está levantando bastante revuelo el artículo que hoy publica la revista Nature: «Evolved structure of language shows lineage-specific trends in word-order universal» (Nature, 13 abril 2011), fruto de la colaboración entre científicos cognitivos y evolucionistas de la Radboud Universiteit Nijmegen (Holanda) y la University of Auckland (Nueva Zelanda).

Los autores niegan absolutamente la existencia de «universales lingüísticos». Para ello han analizado el orden de palabras en cuatro familias de lenguas (79 lenguas indoeuropeas, 130 lenguas austronésicas, 66 lenguas bantúes y 26 lenguas utoaztecas) que, en conjunto, son representativas de unas 2.400 lenguas que han ido evolucionando a lo largo de los últimos 4.000 años. Como cuenta John Timmer:

The results are bad news for universalists: «most observed functional dependencies between traits are lineage-specific rather than universal tendencies,» according to the authors.

The authors were able to identify 19 strong correlations between word order traits, but none of these appeared in all four families; only one of them appeared in more than two. Fifteen of them only occur in a single family.

Los autores concluyen que lo que determina la estructura de una lengua no son unos supuestos universales, sino una evolución cultural de carácter dinámico. Esto supone una refutación en toda regla de las tesis de Chomsky.

De esta manera, el foco tendería a desplazarse más bien hacia la sorprendente capacidad del cerebro para adquirir patrones tan diferentes unos de otros. Si no existen unas disposiciones lingüísticas innatas, ¿cómo es posible que el cerebro humano sea capaz de aprender cualquier lengua?

Devolverle las palabras a los hablantes. Un libro de Elizabeth Knowles

Hace poco hablaba de «la hora del léxico». Vuelvo al tema al hilo de la lectura de un libro de Elizabeth Knowles: How to Read a Word (OUP, 2010).

En estos tiempos aún oscuros de lo que John Algeo llamaba «lexicograficolatría», es decir, de reverencia excesiva a la autoridad del diccionario, o a un supuesto comité de sabios que recibe dinero público por dar opiniones que no sirven para nada, da gusto leer unas páginas tan sensatas, escritas por la que ha sido durante mucho tiempo editora de la Oxford University Press.

How to Read a Word es una obra absolutamente centrada en la lengua inglesa, algo que puede limitar su recepción en el ámbito hispánico. Pero tiene una gran cualidad: puede leerse como una especie de manual de orientación léxica en el mundo posdigital. Knowles dedica iluminadoras reflexiones a la forma en que podemos desarrollar la competencia léxica, para manejarnos por nosotros mismos en el mundo de las palabras, más allá de diccionarios, comités de burócratas o gurus de suplemento dominical.

Estos son algunos de sus «tips», independientemente del uso de nuevos diccionarios del tipo Urban Dictionary (la RAEM tiene su gracia, pero es una anécdota) o Wordnick:

  • cómo usar motores de búsqueda, tipo Google Noticias para encontrar información relacionada.
  • cómo usar las «palabras clave» («keywords») para comprender vocabulario, mediante el uso de las «slashtags» que son la base de herramientas como Blekko.
  • cómo manejar los resultados, en relación con problemas como las «palabras fantasma» o los «falsos amigos».
  • cómo leer el pasado a la luz del presente; un ejemplo sería el uso de «gay» a lo largo del siglo XX en inglés, o (se me ocurre) el uso de «hacer el amor» para el mismo período en español.

Si hemos conseguido poner a la gramática definitivamente al servicio de la realidad operativa de la comunicación, es necesario arrebatarle las palabras a quienes las tienen secuestradas.

El libro de Mrs. Knowles es entretenidísimo, y está lleno de detalles e historias reveladoras. Pero lo importante -en mi opinión- es su objetivo: devolverle las palabras a sus legítimos propietarios, los hablantes, para que tengan confianza en sí mismos y sepan desarrollar habilidades que les permitan orientarse en la sociedad posdigital en la que vivimos; en definitiva, eso que, pedantemente, se conoce como «aprender a aprender».

Cinco consejos para trabajar con Moodle 2.0

logo moodleRecuerdo bien cuando empezaron a hablar de Moodle 2.0. Llevábamos tiempo metidos en eso que llamábamos la Web 2.0 y no podíamos menos que comparar lo que podíamos hacer con Moodle, un LMS de lo más avanzado, pero ridículo al lado de las posibilidades de aprendizaje de la red abierta. El clamor cuajó en el debate LMS vs. PLE, sobre todo a partir de la segunda edición del CCK.

Moodle necesitaba un lavado de cara, y a finales de 2010, y después de una larga espera (los que estuvimos en la Moodlemoot de 2009 ya vimos versiones más o menos definitivas) nos encontramos con una plataforma de gestión del aprendizaje que, lejos de salvar los obstáculos que se planteaban, redunda en los errores que ya conocíamos. Es probable que muchos no estéis de acuerdo, y será probablemente porque entendáis lo que significa enseñar y aprender de forma distinta a como yo lo hago. Por eso, y para los que estéis en sintonía con lo que aquí escribimos normalmente, os dejo cinco consejillos que seguir para sacar provecho de Moodle 2.0.

  1. Olvídate de los blogs en Moodle. No sirven para nada. Pese a ser una de las características estrella de Moodle 2.0 (junto a la larga lista de especificaciones técnicas y dirigidas a los gestores -no a los docentes ni a los discentes-), Moodle no puede competir con servicios como Blogger o WordPress. El sistema de comentarios es horrible, la sindicación es una ilusión, la personalización del contenido sigue siendo muy pobre… No lo dudes, los blogs fuera de Moodle.
  2. Dale una apariencia diferente. Instala una plantilla (o pide que te la instalen) que sea distinta. Todos sabemos que el aspecto visual de Moodle no es probablemente uno de sus fuertes, y menos si trabajas con pequeños. Si tus alumnos tienen menos de 10 o 12 años directamente olvídate de la plataforma: te lo agradecerán. Si son más mayores, utiliza una plantilla tipo facebook. Quizá consigas tenerlos entretenidos un rato hasta que se den cuenta del engaño.
  3. Olvídate del control. La evaluación mata, y en ocasiones también hace perder el tiempo dándole vueltas a herramientas de calificación. Aunque todavía existe cierta obsesión acerca de la necesidad de que los LMS nos faciliten la evaluación calificación de nuestros alumnos, yo esperaba que Moodle 2.0 fuera en la dirección contraria, y no redundara en este tipo de «utilidades».
  4. Utiliza los foros, el glosario, la wiki, el calendario y los paquetes scorm… si lo necesitas. Te servirán para gestionar más o menos los contenidos y generar discusiones entre los alumnos, pero nada que no puedas hacer mil veces mejor combinando las herramientas de Google con un blog que centralice la marcha del curso. A no ser que quieras llevar un control exhaustivo de la actividad de tus alumnos: si algo funciona bien en Moodle son las herramientas de control. Si quieres saber cuánto tiempo han estado conectados tus alumnos o qué páginas del curso han visitado, Moodle es tu aliado perfecto. Los paquetes SCORM te ayudarán también a presentar contenido a tus alumnos y a hacerles preguntas sobre el mismo.
  5. Busca la complicidad de los usuarios. Sólo con ellos (y con sus familias, en el caso de trabajar con menores) conseguirás vencer dos de las barreras fundamentales que hacen que muchos profesores usen Moodle como plataforma central para el desarrollo de su trabajo en la red, a saber, el miedo a perder el control (de la actividad de los alumnos, de los contenidos que publican,…) y el problema de la privacidad (adultos que piensan que poner tu nombre en internet es como poner el número de tu tarjeta de crédito a disposición de cualquiera, o familias que piensan que hay un corruptor de menores detrás de cada clic).

Como ves, parece el dilema sigue en pie, y el planteamiento de Dougiamas continúa más vigente que nunca… Aunque el tiempo juega en favor de un claro ganador. Se admiten apuestas.

 

PLE según Fernando Santamaría

Nuestro gran amigo Fernando Santamaría, que le ha puesto un prólogo impagable a la traducción que hemos hecho en Nodos Ele de Conociendo el conocimiento de George Siemens (NodosEle, 2010), explica en este vídeo qué entiende por PLE (Personal Learning Environement).

Son 9 minutos de sabiduría a borbotones, en ese estilo caótico que hace de Santamaría uno de los grandes del pensamiento posdigital con que contamos en el mundo hispano. Como apoyo gráfico aquí tienes el mapa conceptual sobre el que reflexiona Fernando:

Fernando resume su intención en esta entrada de su blog.

Siemens se aburre (y nosotros también)

[Ilustración: Pintachan]

Tenía pensado hacer un post sobre la última y magistral entrada de George Siemens este martes: «Questions I’m no Longer Asking». Afortunadamente, David Alvarez se me ha adelantado, de modo que les remito a su blog [e-aprendizaje]: «Cuestiones que ya no nos interesan…».

En efecto, hace tiempo que algunos simplemente ni nos planteamos determinadas cuestiones: la autonomía del estudiante, la estafa de la evaluación, la necesidad del caos para aprender, la evidencia de la conectividad, la naturalidad de la apertura y el intercambio («sharismo») etc…

Hace bien Siemens en dejar claro que no piensa contestar a más chorradas sobre estos temas, que resume en varios puntos (modifico mínimamente el resumen de Alvarez), que ya cansa seguir explicando:

  • Los estudiantes deben tener el control de su propio aprendizaje. Los educadores podemos guiarlos o ser intermediarios, pero el aprendizaje significativo implica una actividad impulsada por el que aprende.
  • Los estudiantes necesitan experimentar confusión y caos durante el proceso de aprendizaje. Aclarar(se) ese caos es el objeto del aprendizaje.
  • La apertura de los contenidos y la interacción aumentan las conexiones aleatorias que impulsan la innovación.
  • El aprendizaje requiere tiempo, pensamiento crítico y reflexión. La ‘ingestión’ de nueva información requiere tiempo para ‘digerirla’.
  • El aprendizaje es aprendizaje en red. El conocimiento está distribuido.
  • La creación es vital en el aprendizaje. Los alumnos tienen que crear artefactos para compartir con los demás y para ayudar a dirigir su exploración más allá de los artefactos que el educador les ha proporcionado.
  • Dar sentido a la complejidad requiere de sistemas sociales y tecnológicos.

Quien quiera perder el tiempo cerrando contenidos, intentando evaluar o controlar, pensando que el caos no es parte del proceso de aprendizaje, etc., es su problema. La realidad va por otro lado.