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El futuro del aula de idiomas

En Nodos Ele hemos escrito en otras ocasiones sobre el papel del aula como espacio de aprendizaje. ¿Cuál es el futuro, o no futuro, del aula de idiomas? ¿Cuáles son los cambios fundamentales que necesita?

La revista Slate ha preguntado a sus lectores sobre cómo vivir una vida más eficiente, y también ha dedicado un espacio para el rediseño de las aulas en Estados Unidos. Si la educación está cambiando, ¿por qué no lo hace también el espacio en el que aprendemos?

Greg Stack y Natalie Nesmeainova han sido los arquitectos ganadores del desafío de Slate para el diseño del aula del futuro. Su proyecto consiste en un gran espacio cubierto con diferentes elementos conectados con otro espacio al aire libre.

Stack explica así los principios que ha tenido en cuenta para el diseño del aula:

«(…) mobiliario ajustable, un área de arte «desordenado», pantallas de vídeo grandes y pequeñas, zonas comunes para las clases de acción, espejos cuidadosamente colocados de forma que permiten el contacto visual cuando un estudiante y el profesor se sientan en un equipo juntos.»

¿Qué elementos de este diseño serían realmente prácticos en un aula de lenguas extranjeras? ¿Qué necesitaría el nuevo espacio de aprendizaje de idiomas?

Siemens se aburre (y nosotros también)

[Ilustración: Pintachan]

Tenía pensado hacer un post sobre la última y magistral entrada de George Siemens este martes: «Questions I’m no Longer Asking». Afortunadamente, David Alvarez se me ha adelantado, de modo que les remito a su blog [e-aprendizaje]: «Cuestiones que ya no nos interesan…».

En efecto, hace tiempo que algunos simplemente ni nos planteamos determinadas cuestiones: la autonomía del estudiante, la estafa de la evaluación, la necesidad del caos para aprender, la evidencia de la conectividad, la naturalidad de la apertura y el intercambio («sharismo») etc…

Hace bien Siemens en dejar claro que no piensa contestar a más chorradas sobre estos temas, que resume en varios puntos (modifico mínimamente el resumen de Alvarez), que ya cansa seguir explicando:

  • Los estudiantes deben tener el control de su propio aprendizaje. Los educadores podemos guiarlos o ser intermediarios, pero el aprendizaje significativo implica una actividad impulsada por el que aprende.
  • Los estudiantes necesitan experimentar confusión y caos durante el proceso de aprendizaje. Aclarar(se) ese caos es el objeto del aprendizaje.
  • La apertura de los contenidos y la interacción aumentan las conexiones aleatorias que impulsan la innovación.
  • El aprendizaje requiere tiempo, pensamiento crítico y reflexión. La ‘ingestión’ de nueva información requiere tiempo para ‘digerirla’.
  • El aprendizaje es aprendizaje en red. El conocimiento está distribuido.
  • La creación es vital en el aprendizaje. Los alumnos tienen que crear artefactos para compartir con los demás y para ayudar a dirigir su exploración más allá de los artefactos que el educador les ha proporcionado.
  • Dar sentido a la complejidad requiere de sistemas sociales y tecnológicos.

Quien quiera perder el tiempo cerrando contenidos, intentando evaluar o controlar, pensando que el caos no es parte del proceso de aprendizaje, etc., es su problema. La realidad va por otro lado.

Diccionario Callellano (beta)

Algunos amigos en Estocolmo hemos lanzado la idea de un diccionario colaborativo para extranjeros del tipo Urban Dictionary.

Lo llamamos Diccionario Callellano y está en fase beta. Cuando uno está fuera de España pierde cierto contacto con el «español de la calle», y eso es lo que no queremos perder, ni nosotros ni los estudiantes.

¿Qué pasará con Moodle dentro de unos años?

Llevo unos días pensando cómo enfocar esta entrada reseñando la Moodle Moot Madrid 2009. Lo cierto es que salí con muy buen sabor de boca, sobre todo respecto a la organización del evento (Ismail, de nuevo, gracias), aunque también con cierto regusto amargo, debido sobre todo a la intuición de que el mensaje que @lsoldevila y un servidor quisimos transmitir con nuestro taller no llegó a los asistentes.

Esta mañana me he dado cuenta de que no tengo porqué sentirme así. A raíz de un post de George Siemens, Dougiamas ha entrado al trapo y se ha vuelto a descubrir, evidenciando que desde el propio diseño de la plataforma no se entiende el reto con el que se enfrenta la educación hoy día… y si no, lean, lean con atención el post…

Lo que sí que queda claro es que las plataformas de aprendizaje concebidas así se muestran incompatibles con conceptos como Lifelong learning, Personal Learning Environment, Complexity o la Remezcla de contenidos. Las razones pueden ser varias, y Siemens apunta a que el problema es que básicamente están centradas en los contenidos (content-centric), aunque a mí me da la impresión de que el problema fundamental es que estos espacios tienen como mayor aspiración centralizar el propio proceso de aprendizaje… Exactamente igual que hacían (y hacen) los profesores en la aulas… Es una cuestión, digámoslo así, de mantener el control (¿o debería decir el poder?).

Ahora bien, ¿conseguirá alguien derrocar al gran Moodle o logrará la plataforma reaccionar a tiempo?

It's Student, Stupid!

Ahora que Marc Prensky ha decidido dar por amortizada su conocida dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales para poner el foco sobre lo que denomina “digital wisdom”, debemos ser más conscientes todavía de que el protagonismo del cambio en el mundo educativo no puede darse más que desde y para los propios estudiantes.

Hace unos días Lola Torres recuperó en su blog -en el marco de una entrada que tiene los enlaces justos, aunque no estén desarrollados- el vídeo que Michael Wesch montó en 2007 a partir de las ideas de 200 estudiantes de Antropología Cultural de la Kansas State University. Aquí son los propios estudiantes los que toman la palabra y cuentan cómo y qué necesitan aprender, qué objetivos, esperanzas o sueños albergan para el futuro, cómo prevén ese futuro que les pertenece:

Supongo que Lola ve este hecho en una línea «edupunk» (su entrada lleva por título «hackeando la educación»). Los que vemos el mundo educativo desde un punto de vista «edupop» miramos con interés iniciativas como la de GradeGuru, un servicio en el que los estudiantes que necesitan mejorar sus notas pueden contar con la ayuda de otros compañeros, a cambio de una recompensa económica:

«GradeGuru.com is a note sharing platform for college students to share notes, give each other feedback and engage in collaborative learning. GG is an information sharing site created by students for students. We’re also providing students with cash and rewards for their notes because we believe students should earn for sharing their knowledge. Our vision is to create a community of students who can rely on each other for academic support – whether through the feedback they receive on the notes that they contribute, or the ability to download their peers’ notes for free.

Since GradeGuru is a meritocracy, how much you get rewarded will be determined by how good your peers think your notes are.»

A los profesores nos pagan por enseñar, ¿por qué los estudiantes que enseñan a sus pares no pueden recibir a cambio lo que quieran? Es lo que subyace en el sharismo de Isaac Mao, y en el Manifiesto Edupop que David Vidal y yo publicamos en este blog:

«Technology and knowledge must be free to share, sell or use in order to give away ideas, innovations and visions. So we will receive whatever is shared, sold or gave away in return. We live in a connective world where culture and knowledge is everywhere, and individuals must be free to do as they want in it».

Y de Alemania viene Sofatutor, que ha entrado en beta esta semana, otra iniciativa nacida entre universitarios. La idea no está totalmente definida todavía pero se trata de una plataforma educativa basada en la posibilidad de que cualquiera pueda producir vídeos al estilo commoncraft y gane dinero con ello:


sofatutor introduction from SofaTutor on Vimeo.


En el fondo, todo va en la misma dirección: horizontalidad, sharismo y foco en el aprendiente que es el protagonista tanto del proceso de aprendizaje como del proceso de enseñanza.