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UnCollege. Hackeando la educación

Son tiempos de crisis, son tiempos de cambio.

Hace unos meses, Hugo Pardo Kuklinski hablaba de universidades de prestigio y marcas blancas universitarias. Ahora, sin embargo, Stacy Dale (Princeton University) publica un estudio titulado «Estimating the Return to College Selectivity over the Career», en el que concluye que no hay ninguna relación entre la universidad donde se estudia y el futuro profesional.

Creo que ambos tienen razón, ya que se refieren a sistemas universitarios sustancialmente diferentes, como son el español (una auténtica burbuja que algún día terminará estallando, como ha pasado con las cajas de ahorro), y el norteamericano.

En los EEUU, mientras tanto, ha surgido el movimiento UnCollege, que pretende encontrar alternativas formativas a la Universidad. En torno a este nombre se reúne gente como Dale Stephens (19 años), que ha dejado la Universidad para iniciar un proyecto propio en el campo de la tecnología, o Peter Thiel, fundador de PayPal y socio de Zuckerberg en Facebook, que está dispuesto a usar su inmenso patrimonio económico en favor de una educación más libre en los EEUU:

Estudiar en una Universidad de élite norteamericana hoy en día es como meterse en una hipoteca, se pierde la libertad a cambio de un título que hay que amortizar. Tenemos 19 millones de universitarios, que deben más de 24.000 dólares por cabeza. Los licenciados se dedican a pagar la deuda en que se metieron para poder estudiar en Harvard, más que en montar una empresa innovadora.

UnCollege ha lanzado diversas iniciativas: un manifiesto, la Stanford Review, una revista en la línea del liberalismo cognitivo, y ha puesto en marcha las «Thiel Fellowships«, unas becas para que los estudiantes menores de 20 años abandonen los estudios universitarios a cambio de financiarles proyectos innovadores.

Al fin y al cabo, es lo que hizo Steve Jobs, como dejó bien claro en su discurso en Stanford University, al recibir un Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad que abandonó para fundar Apple:

Inglaterra apuesta por las «free schools»


En septiembre se ponen en marcha las 24 primeras «free schools» que el Gobierno inglés pretende que sirvan de modelo para la liberalización progresiva del sistema educativo británico, siguiendo a su manera la reforma del sistema educativo sueco.

La iniciativa se enmarca en el marco del proyecto político-cultural de Cameron: Big Society, es decir, menos Estado/más individuo.

Las «free schools» son independientes de la burocracia estatal, viven de lo que ingresan, forman parte del sistema público educativo, y se gestionan de acuerdo con idearios y currículos propios estipulados por los padres y los profesores que ponen en marcha la escuela. Cualquiera puede montar una, en una tienda o en su casa.

Lo explica Michael Gove, Ministro de Educación: «Las escuelas son de los padres y de los profesores, no del Estado. Las escuelas son espacios de libertad para aprender, no fábricas de adoctrinamiento. El Estado no debe interferir en la educación de los ciudadanos».

La escuela británica opta por la libertad y la retroinnovación (según me gusta llamarla). En mi opinión, estamos ante el comienzo de una educación posdigital, es decir, ante el fin del sistema educativo estandarizado que comienza en el siglo XIX:

Presentación Aprender a Aprender. Congreso E-DUCA 2011

Esta es la presentación sobre Aprender a Aprender: Competencia Digital y Entornos de aprendizaje que ofrecí en el pasado Congreso E-duca 2011 sobre Entornos Personales de Aprendizaje. En breve estarán los vídeos en el canal CITA (Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas).

Y aquí encontraréis la presentación de Dolors Reig sobre Formar en/para la Hipersociedad.

El buenismo en educación

Los monigotes de la foto son de Néstor Alonso.

Uno de los mejores blogs sobre educación de nuestro país es Xarxatic. Lo cito poco, porque suele tratar de temas relacionados con la educación reglada obligatoria, que me parece que (en muchos aspectos) difieren bastante de la enseñanza de ELE.

Pero en otros, no. Su última entrada: «El buenismo en educación» (que copio casi entera, porque no tiene desperdicio) es aplicable a todas las instituciones que conozco:

El “buenismo” es una conducta bastante habitual últimamente en las redes sociales por parte de algunos docentes (y/o grupos de docentes) consistente en una filosofía (aunque su base filosófica sea muy errática y contradictoria) que trata de llegar al cambio educativo mediante reacciones emotivas que sustituyen (o complementan) a la acción y, cuyo despliegue abarca desde propuestas de mejoras educativas, la suposición de lo “bueno” en Educación y, finalmente, el gran error de considerar que se está en posesión de la razón. […]

Tal como plantea Valentí Puig en uno de sus variados artículos, se trata más bien de un método de estar, más que de una forma de ser. A largo plazo, ese buenismo es muy difícil de sostener, ya que la realidad educativa es “el reino turbio de las realidades y no de los deseos píos, ni de la conversión de los píos deseos en estrategia”.

Lo lamentable del «buenismo», con todo, no es su profunda nadería, sino los fines para los que se usa:

Lo grave no es la existencia de ese buenismo educativo, ya que lo realmente preocupante es el establecimiento de la contraposición al mismo por irrealidad, cuestionando (o lo que es aún peor, ignorando) cualquier posición divergente con el mismo. A aquellos que caen en dicho error, intentando en muchos casos sólo poner un poco de realidad (que, lamentablemente, en temas educativos muchas veces es bastante descorazonadora) se les etiqueta como “los malos” […]

Sea como sea, la estrategia de ver “fondos oscuros” donde sólo se expresan matices, y querer destruir opiniones divergentes con discursos de “autodefensa” (considerando que quien piensa lo contrario -aunque sólo sea en los matices- les pide que se autoflagelen por hacer) cada vez funciona peor, ya que la “realidad”, esa que no se quiere ver, que se quiere obviar, que se quiere difuminar, al final se acaba imponiendo.

Es más cómodo y políticamente correcto callar, participar y criticar en voz baja, porque las etiquetas y descalificaciones a tus posturas (igual de válidas o inválidas que las de los demás) no gustan de oír.

Del mismo modo que hay cocineros que intentan esconder una carne mal hecha metiéndole mucha salsa, de forma que arruinan el plato, el mundo educativo está lleno cada vez más de cocineros que están rebajando el nivel mediante el intento de anular la crítica, el matiz, la discusión con el mantra del «buenismo».

Eso sí, todo lleno de mucha empatía, mucho «buen rollito» y mucha caradura.

Competencia Digital del aprendiente de LE

CD y PLE en la enseñanza / aprendizaje de LE Clic en la imagen para agrandar.

El Departamento de Proyectos Europeos del Instituto de Tecnologías Educativas (ITE) de España ha presentado un informe sobre la Competencia Digital en educación, una de las ocho competencias básicas que se incorporaron al currículo oficial en 2006.

En él se recogen algunos de los aspectos fundamentales de cómo desarrollar la competencia digital de docentes y estudiantes y cómo integrarla en el aula. Puedes ver el informe o descargarlo aquí.

En el área de la enseñanza de ELE se sigue debatiendo sobre qué aspectos de la Competencia Digital deben aprender docentes y estudiantes, y cómo introducirlos en el aula. El siguiente gráfico muestra los elementos que, desde mi opinión, se deben tratar en la enseñanza/aprendizaje de segundas lenguas, especialmente desde la perspectiva del aprendiente, que es el área donde más información se necesita actualmente.

El gráfico relaciona la Competencia Digital con los objetivos principales de los Entornos Personales de Aprendizaje (PLE) y está dividido en cuatro dimensiones:

  • instrumental: lenguajes, herramientas y entornos digitales
  • sociopragmática: buscar, interpretar y evaluar información
  • cívica: identidad digital y responsabilidad con la información
  • aprender a aprender: estrategias de aprendizaje, autonomía y aprendizaje para toda la vida

Se ha tenido en cuenta para esta definición un enfoque comunicativo que tiene como ejes principales el aprendizaje autónomo y el aprendizaje para toda la vida.