Apple y la educación

Si hay un ejemplo de manual que muestre como ninguno el poder de la marca ese es el de Apple. Ninguna empresa o producto digital ha conseguido fidelizar a sus clientes hasta el punto de identificarse con una actitud o una estética. De hecho se habla de la «experiencia Mac» como si se tratase de una vivencia extrasensorial cuasi mística. Pero aparte de esa actitud, hay que reconocerle a los de Cupertino una postura muy coherente entre sus objetivos y el esfuerzo por llegar a lograrlos. Uno de esos fines, el que me parece más loable, claro, es el de la promoción del como medio digital y como formato educativo. Ninguna marca ha apostado tanto en su software (iTunes), en su hardware (iPod, iPhone, Apple TV) y en sus aplicaciones por el podcasting y su relación con los procesos de enseñanza y aprendizaje. Un ejemplo paradigmático de este compromiso es el del Proyecto Grimm, blog y podcast, apadrinado originalmente por Apple. Ellos mismos lo definieron en su momento así:

Grimm es un proyecto pedagógico de envergadura al que Apple aporta una muy amplia experiencia en tecnología aplicada a los procesos educativos, y en el que participan de manera muy activa colegios, universidades y empresas.

Actualmente, el peso del proyecto está casi por completo en manos de los propios enseñantes:

Las TIC no son nuestro fin, sino nuestro medio. Usarlas nos ha llevado a reflexionar sobre nuestras escuelas, sobre cómo nos relacionamos con nuestros alumnos, sobre cómo nos relacionamos con el mundo exterior, sobre qué cosas nos interesan, sobre cómo repensar la escuela para que nuestros alumnos sean creativos usando la tecnología.

La penetración de la marca Apple no ha sido nunca mucha en la comunidad educativa, al menos no al nivel de otras áreas profesionales como el diseño gráfico, por ejemplo. Pero al menos ha puesto su grano de arena, que es mucho más de lo que se puede decir de otros gigantes tecnológicos.